Groenlandia es España

Fuerzas especiales danesas en Groenlandia

Fuerzas especiales en Groenlandia. Fuente: Ministerio de Defensa de Dinamarca

Menos de una semana después de la "Operación Maduro", Donald Trump ha reanudado la ofensiva contra Dinamarca, hasta ahora un país amigo y uno de los aliados más fieles de EE.UU. Fue uno de los primeros países en manifestar su apoyo cuando EE.UU invocó el Artículo 5 del Tratado de la OTAN tras el 11 de septiembre 2001, y desde entonces soldados daneses han estado junto con sus colegas americanos en lugares como Afganistán e Iraq, con numerosas bajas como consecuencia.

Cuando Dinamarca y Groenlandia manifiestan inequívocamente que Groenlandia no está "en venta", EE.UU debe aceptar no solamente la soberanía del Reino de Dinamarca y el contenido del Tratado de la OTAN, sino también entender que cualquier acción unilateral e inamistosa supondría el fin de la alianza y de la relación transatlántica, y que los beneficiarios serían los mayores enemigos de EE.UU: Rusia y China. Cuando esos países, y otros simpatizantes ingenuos, reclaman un "mundo multipolar", en realidad desean una realidad donde cada estado defiende sus intereses en solitario, lo cual beneficiaría a los países con más recursos –en efecto la Ley de la Jungla, practicada en Venezuela, pasando por Ucrania, y mañana quizás en Groenlandia, y posiblemente en Taiwán. Por supuesto se puede argumentar que cada caso es diferente, y que en Venezuela se puede discutir si los Derechos Humanos deben prevalecer sobre el Derecho Internacional (Venezuela es una dictadura), pero que tengamos claro que en ese debate solamente les interesa participar a los países que no ostentan suficiente músculo militar para imponer su criterio.

Desde la invasión de Rusia a Ucrania, ha quedado patente que si no sabemos sacrificar la autocomplacencia, el gusto por nuestras semejanzas y los intereses cortoplacistas, Europa no se puede mantener como proyecto politico y cultural.

En Groenlandia han dado ese paso en las pasadas elecciones generales donde han ganado la moderación y el realismo, aparcando de momento el sueño de la independencia en reconocimiento de que el Reino de Dinamarca, por muy imperfecto que sea, es preferible al "acuerdo de libre asociación" que Trump generosamente ha ofrecido.

En España toca cambiar el enfoque también. Ya no hay tiempo de cultivar intereses especiales, por muy nobles que puedan parecer aisladamente, porque hay problemas serios que traspasan colectivos especiales y líneas fronterizas artificialmente trazadas.

Eso significa apoyo incondicional a los países de nuestra familia europea que se sientan amenazados, no solamente mediante declaraciones elocuentes, sino con recursos, muchos recursos.

Desde la entrada de España en la Unión Europea, nuestros socios europeos se han preocupado mucho por el desarrollo de nuestro país y, como resultado, desde 1986 hasta la actualidad, España ha sido uno de los principales beneficiarios netos del presupuesto comunitario, habiendo recibido más de 600.000 millones en transferencias directas, que han contribuido en gran medida al desarrollo de España como un país moderno. Esta cifra no incluye beneficios indirectos fundamentales —como el acceso al mercado único, la atracción de inversión o la estabilidad monetaria—, lo que refuerza aún más la magnitud del apoyo europeo.

En ese mismo periodo, España ha destinado aproximadamente 325.000 millones de euros a defensa. Durante décadas, el esfuerzo militar español se ha mantenido sistemáticamente por debajo de la media de la OTAN y de los principales socios europeos, situándose en muchos ejercicios en torno al 1 % del PIB o incluso por debajo.

Esta comparación no pretende establecer una equivalencia contable ni sugerir obligación legal alguna. Sin embargo, sí permite formular un argumento moral sólido: el desarrollo económico, social y territorial de España ha sido posible gracias a un entorno europeo caracterizado por la redistribución, la cooperación y una seguridad colectiva garantizada en gran medida por otros Estados. Países que hoy se perciben directamente amenazados —y que históricamente han sido contribuyentes netos al presupuesto europeo— han financiado durante décadas la convergencia española.

El contexto geopolítico actual altera profundamente las condiciones bajo las cuales se construyó ese equilibrio. La guerra en Ucrania, el debilitamiento del orden internacional basado en reglas y la creciente incertidumbre estratégica obligan a la Unión Europea a reforzar su capacidad de defensa. En este escenario, mantener un esfuerzo militar comparativamente bajo equivale a seguir beneficiándose de un bien público europeo —la seguridad— sin contribuir de forma proporcional a su sostenimiento.

Ahora España debe devolver algo de esa "deuda moral". Aunque no es plato de gusto para nadie, no hay más remedio que aumentar significativamente el gasto en defensa, incluso a costa de otras prioridades domésticas. Si en el pasado Europa fue solidaria con las necesidades de desarrollo de España, hoy corresponde a España ser solidaria con una Europa que se siente amenazada, especialmente con aquellos países que han contribuido de forma decisiva a su prosperidad.

Europa es Groenlandia y es Ucrania. Europa es España. Groenlandia es, y Ucrania es, España.

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Feliz Año Nuevo – y de paz